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Lunes, 13 Noviembre 2017 18:31

BOCATAS DE NUESTRA INFANCIA (PARTE 1).

 

    CHORIZO, NOCILLA, SALCHICHÓN, QUESO CON MEMBRILLO...Y LA DE HAMBRE QUE HAN QUITADO.

    ...Porque la merienda era casi la comida más importante del día. Cuando salíamos del cole teníamos que reponer energías. Aún quedaba mucho dia y actividad por delante, había que aprovechar al máximo el tiempo. Entre las 17:30 y las 18:00 millones de bocas infantiles comenzaban a masticar sin parar. Los bocadillos llegaban para salvar nuestra hambre interminable. Unos dias se disfrutaban más que otros dependiendo de lo que tocaba en suerte, escondido en el medio del bocata. 

   Los reyes eran los de embutido: salchichón, chorizo (Revilla por supuesto), mortadela, chopped, jamón serrano, jamón York. Eran muy socorridos. Las madres siempre los tenían de mano porque aportaban muchas proteínas.

   Y un clásico de toda la vida: el queso con membrillo. Muy habitual en las meriendas sesenteras y setenteras fue decayendo con el tiempo. El membrillo de Puente Genil (Córdoba). ¿Os acordáis de aquellos envases de lata con esos dibujos y colores que después se aprovechaban comos costureros o galleteros?, aunque posteriormente ya se vendían al corte en los supermercados o en envases de plástico sin tanto encanto. Para hacerlo más apetecible se crearon membrillos con sabor a ciruela, melocotón, fresa y con esos colores tan llamativos (verdes, rojos, naranjas). Buena mezcla con queso manchego o mejor aún con el gallego queso de tetilla y su deliciosa cremosidad. Y para comodidad los quesitos en porciones que se podían untar en el bocadillo o comerlos directamente. Sobre todo "El Caserio" (de el Caserío me fío nos decía su publicidad) y "la vaca que ríe". Todo un ritual abrir esa caja  redonda y esos triángulos de rico queso.

   Pero tal vez los preferidos por casi todos los chavales eran los derivados del cacao: el chocolate y la nocilla. Al principio los bocatas de chocolate eran algo extraordinario hasta que se fueron popularizando. Negro, con leche (Nestlé extrafino, un gran vaso de  leche en cada tableta) o el chocolate blanco como "Milkibar" también de Nestlé (una bomba de azúcar) que tenía muchos adeptos. Recordaréis chocolates como "La campana" de Elgorriaga, "Dolca" de Nestlé, marcas como Trapa, Zahor, Suchard, Valor, La Perfección.

   Pero la estrella más deslumbrante en los 70 y 80 fue sin duda la crema de cacao para untar y el rey absoluto sin nadie que le hiciese sombra en su reinado fue NOCILLA (que merendilla). Fabricada desde 1967 por la española Starlux (si, la del caldo) con unas campañas de publicidad importantes y constantes a lo largo del  tiempo y presentando este novedoso producto en anuncios de televisión haciendo ver a los padres que su composición era de lo más natural con el eslógan: "leche, cacao, avellanas y azúcar ¡Nocilla!" que se acompañaba una música sencilla y pegadiza que se hizo muy familiar arrasando en la publicidad de  la época: "Estos son los hombres fuertes de Nocilla, fuertes alegres y deportistas, llenos de vida y de energía...". Hasta nuestro querido Epi protagonizó un anuncio de tv con este producto.

   También recordaréis que se prensentaba con 2 sabores: el vaso con etiqueta roja era de crema negra y el de etiqueta azul era mixto, la mitad negro y la mitad blanco. Al final se mezclaban los 2 sabores y quedaba una crema de color castaño igual de sabrosa. Y seguro que en algún rincón de la casa de nuestros padres aún queda algún vaso de nocilla. Nuestras madres ya reciclaban cuando este término aún no estaba de moda. Y como siempre que hay un dominador aparece otro producto que intenta destronar al rey. En este caso fue el Pralín aunque con menos éxito. Y también aquel híbrido llamado Tulicrem.

      ¿Y que decir de los bocatas de mantequilla y margarina?. Fáciles de preparar cuando no había otras cosas. Por supuesto cubiertos de azúcar. Súper sabrosos pero una bomba de dulces grasas saturadas. Imaginaros como acabaríamos si tenemos que comer en la actualidad uno de estos. No importaba, éramos unos expertos en quemar todas las calorías que absorvíamos. Recuerdo la marca Tulipán sobre todo porque creo que todos coincidíamos en que sus anuncios eran de los más odiados, helicóptero incluido. Aquí os dejo el sketch de Martes y 13 parodiando este anuncio de tv: "Julipán en bocadillo". Al margen del éxito de Tulipán otras marcas intentaban también "untar" el mercado: Flora, Arias, Natacha, Artúa, Kraft, Larsa, Central lechera  Asturiana.

 

   Y siguiendo con lácteos otra bomba: los bocadillos de leche condensada "La Lechera". Un auténtico placer para los sentidos, pocas veces estaremos tan cerca del paraíso. Exqusita sobre todo tomándola fría de la nevera (en tubo o en lata). Aunque siempre se escuchaban los quejidos maternos: ¿Pero sólo queda esto?. ¡Pero si ayer estaba casi llena!, seguido de un silencio total...

   Sigamos untando. Cierto éxito aunque no para todos los gustos, tuvo su momento el Paté de Foie Gras. Las marcas más vendidas: la catalana "La piara" con su tapa negra y con su canción "Patés la Piara más buenos que el pan" y la extremeña Apis. Posteriormente los tipos de paté se fueron ampliando (atún, sobrasada...).

   Y como los tipos de merienda y bocatas son casi tan numerosos e interminables como niños en un colegio pronto os dejaré la segunda parte de este artículo. Seguro que encontraréis aquellos bocatas que os faltan... id haciendo memoria. 

Viernes, 13 Octubre 2017 20:16

TERRORES INFANTILES: LAS INYECCIONES

 

   Y LA PALABRA MÁS TEMIDA: HOY VIENE EL PRACTICANTE. 

   No sé si los niños de antes éramos más débiles y enclenques que los de ahora. O bien la medicina ha avanzado tanto que no hace falta pincharlos. Supongo que será esto último. Dentro de nuestros terrores infantiles más angustiosos superando a todos los demás (miedo a la oscuridad, a los suspensos, a alguna comida intragable y otros similares) el peor de todos con diferencia era el tener que ofrecer tu trasero a la medicina. 

   Y los que tenemos más años peor. Era cuando no existían la jeringuillas desechables; todo empezaba al llegar el practicante a tu casa con ese maletín tan inquietante. El proceso de preparación era mucho más lento y duraba unos cuantos minutos que parecían eternos. El practicante tenía que hervir previamente con alcohol la jeringuilla y las agujas para esterilizarlas utilizando el propio estuche de metal de estas como base, introducir la aguja con líquido en la ampolla para mezclar con el polvo que había en ella. Otras veces el contenido  de  la ampolla  de cristal era totalmente líquido lo que era mejor ya lo que te iban a introducir en tu cuerpo estaba más diluido. Aunque lo verdaderamente angustioso era escuchar el sonido del cristal de la jeringuilla cuando chocaba con el envase de metal. Claro que aunque te encontrases dentro de casa y a la mayor de las distancias sabías que era irremediable. Siempre lo  era, a  pesar de que te escondieses dentro de un armario, debajo de la cama (este escondite ganaba  por mayoría aplastante). Y que cuando escuchabas "¿Pero dónde se ha metido el niño/a? comenzaba la cuenta atrás. Si tenías hermanos posiblemente se convertirían en chivatos de la más baja calaña revelando  el escondite y si no sólo tardaría un poco más la tortura.

   Y la humillación de tener que bajarte el pantalón o subirte la falda. En ese momento ya estabas a merced del practicante o del familiar que también pinchaba (esto era posiblemente mucho peor). El practicante muchas veces trataba de animarte diciendo que si soplablas todo iba a ser más rápido y te dolería menos. Y tú soplabas. Y notabas el masaje del algodón empapado en alcohol. Y ya no quedaba más tiempo. Y el pinchazo que ya llegaba. Y lo que tardaba en marchar la sensación del pinchazo aunque todo hubiese terminado.

   Y  tú más feliz que una perdiz. Aunque volviese el practicante a tu casa el dia siguiente tu sabías que 24 horas daban mucho de sí. A pesar de que te ocurriese como a Bill Murray en "Atrapado en el tiempo" y repitieses tu "dia de la marmota" hasta que tu médico así lo decidiese, eras capaz de acercarte ya sin miedo al practicante que volvía a la cocina de tu casa a esterilizar la jeringuilla y las agujas por si conseguías una recompensa: un caramelo, piruleta o algunos cromos de la colección que estaba de moda. Y en ese momento sí que tus hermanos se podrían morir de envidia porque el regalo no se iba a compartir bajo ningún concepto. El sufrimiento había sido sólo tuyo.  

   Con el tiempo los practicantes a domicilio fueron desapareciendo, se volvió todo más moderno, aparecieron los ATS y las inyecciones se ponían en los centros de salud o las clínicas. Y se extendieron las jeringuillas desechables con lo que todo es más rápido aunque seguro que a los niños de ahora les sigue pareciendo interminable e igual de terrorífico. 

   Y como la medicina ha avanzado mucho en estas últimas décadas los niños prácticamente ya no se pinchan salvo para hacer algún análisis de sangre o para vacunarse. En esto sin duda todo tiempo pasado fue peor.

   Pero dentro de las inyecciones también había grados y las que se llevaban la palma eran las de penicilina y las de hierro si no recuerdo mal. Esas sí que dolían.

   Y comparable al terror de las inyecciones para algunos niños había algo peor.  ¿Qué podría haber peor?: el supositorio. Personalmente prefería esto último. ¿Y tú?.

 

Miércoles, 04 Octubre 2017 20:22

NUESTRO PRIMER PEGAMENTO.

 

   IMEDIO, UHU, SUPERGEN, LOCTITE...

   Imprescindible al comienzo del curso escolar. El pegamento nunca podía faltar en la compra del material escolar a principios de curso. Desde finales los años 60 y principios de los 70 surgieron con mucha fuerza una serie de pegamentos adaptados al uso escolar que arrinconaron a las colas de pegar y goma arábiga (Pelikan, Ebro...) que se vendían hasta la fecha en las papelerías. 

   Sin duda fueron dos las marcas más extendidas y que prácticamente coparon el mercado. Nos referimos a la clara vencedora, pegamento Imedio y a su inmediato perseguidor, la alemana UHU, la del buho. Imedio era a los pegamentos escolares lo que Bic a los bolígrados, Alpino o Plastidecor a las pinturas de colores, Noris a los lápices, Sam a las libretas o Milan a las gomas de borrar. Imedio era realmente el apellido de Gregorio, un inquieto manchego que tuvo la genial idea de crear un pegamento en plena España de la posguerra (1944). A partir de entonces fue creando una marca y unos productos que se hicieron presentes en la vida de los estudiantes españoles. El pegamento se presentaba en 3 tamaños según las necesidades de cada uno: pequeño, mediano y grande. Aunque creó varias gamas de pegamento (banda roja, banda marrón), el que más éxito tuvo sin lugar a dudas fue el de la banda azul.

   Y apoyando al producto creó una publicidad paralela que se hizo muy conocida y logró mucho éxito durante años. Era el eslogan "¿Se rompió?. ¡¡¡No importa!!!. El remedio: pegamento Imedio, lo que reforzaba el mensaje de pegamento potente. Y sin duda recordaréis los calendarios de bolsillo con esta publicidad. Editados por Heraclio Fournier (el de los naipes). A todo color, con mucho humor y con dibujos en los que incluso se dibujaban situaciones inverosímiles: el portero al que un balonazo destroza el poste de la portería, el esquiador al que se le rompe el esquí en un descenso, el de la torre inclinada de Pisa, el dentista que extrae al paciente la muela que no corresponde, la rueda de la carreta que se rompe, el pirata al que se le quiebra la pata de palo, el señor al que se le ha separado la cabeza del resto del cuerpo...

   Dicen que el pegamento es tóxico pero en aquellos años de mi infancia se le daba a veces otro uso que no era el escolar: se dejaban secar gotas de pegamento y después podía utilizarse como chicle, hay quien lo utilizó a modo de regueron de pólvora para quemarlo o gastar bromas bastante pesadas como dejarlo recién sacado del tubo en la silla del algún compañero... que salvajes fueron los año 70. Y mucho cuidado con que se pegase a la ropa porque era imposible eliminarlo antes de llegar a casa para que tu madre no lo viera.

   Al margen de este tipo de pegamento recuerdo el de color blanco. También se utilizaba para manualidades aunque era menos fuerte que el anterior y tal vez más indicado para preescolar y primeros años de la EGB. Algunos recordaréis la marca Loga o también Imedio. 

   Pero para  un uso más exigente estos pegamentos se quedaban cortos. Para otras manualidades más elaboradas y exigentes en la que utilizábamos cartón, plástico e incluso madera teníamos que trabajar con algo más potente. En estos casos el pegamento de mayor uso y éxito fue el Supergen con tubos más grandes que los escolares. Lo bueno del Supergen es que también podía servir para la chapuzas caseras por lo que era un pegamento que siempre se tenía en casa. Y sin Supergen no fuera suficiente surgió el pegamento que PEGABA TODO literalmente: el Super Glue de Loctite aunque su uso era muy puntual había que tener mucho cuidado por su potencia e inmediatez. La curiosidad infantil era demasiado grande y muchos dedos se quedaron pegados con el consiguiente susto de los padres.

   Ya a principio de los 80 otro tipo de pegamento comenzó a discutir la hegemonía del pegamento líquido. Aparece el stick o pegamento de barra. Al principio llamó mucho la atención porque se parecía a un pintalabios. Pero enseguida se extendió su uso. Funcionaba perfectamente para manualidades no complicadas y con la ventaja añadida de que no se derramaba, no manchaba ni estropeaba la ropa ni cualquier otro objeto con lo que era ideal para su uso por los más pequeños; además su precio era muy asequible para todas las economías. Y quién se llevó el gato al agua fue Pritt que prácticamente copó el mercado a pesar de los intentos de Imedio y su pegamento de barra. La marca que fabricaba Pritt era Henkel, la empresa de detergentes alemana que tan presente estaba en nuestros hogares con productos como Dixan, Persil, Perlan, Tenn, Mistol o Wipp Express.

    Seguro que tenéis muchas anécdotas relacionadas con el pegamento, es que de pequeño el poder de pegar cosas tenía una atracción irresistible.

   

   

Domingo, 03 Septiembre 2017 14:33

PINBALL Y FLIPPERS: JUEGOS DE NUESTRA INFANCIA.

 

   TAMBIÉN LLAMADOS MAQUINITAS, PETACOS, MILLONCETE...

 

 

 

   Para los que hemos nacido en los 60´s los pinballs han ocupado una parte muy importante de nuestro ocio en la edad infantil y en la adolescencia. Eran los auténticos reyes de las salas de juego en la España de los 60´s y 70´s hasta que a fiinales de esta década y principios de los  80´s otro tipo de juegos electrónicos los precursores de las consolas  domésticas (Pong;1972, Breakout;1976, Space Invaders;1978, Asteroids;1979, Galaxian;1979, Pac- Man;1980, Missile Command;1980, Donkey Kong;1981) comenzaron a quitar espacio a los pinballs. Ya no fue lo mismo. Ni siquiera los pinballs virtuales que disponemos en  pc, tablet o móvil.

   Aún tengo grabado el sonido de estas máquinas maravillosas; el cloc al conseguir bola o partida extra, el clink clink de los bumper al hacer rebotar a la pesada y gran bola  de acero, sincronizado con esos juegos de luces tan hipnóticos y todo ello unido en una sinfonía de sonidos cuando se jugaba simultáneamente en varias máquinas. Eran auténticas obras de arte con sus tableros de múltiples y sugerenres colores, formas, dibujos y figuras, una delicia para la  vista  y el  oido. Los fabricantes continuamente renovaban su catálogo para atraer nuevo público y se aprovechaban distintos eventos, películas, y deportes de éxito para  ello ("Star Wars", "Indiana Jones", "Star Trek", "Familia Addams", "Canasta 86" por el Mundial celebrado en España).

   Volviendo al juego, me acuerdo de una máquina muy antigua y que no querían jubilar en la sala de juegos en un pueblo recóndito a principios de los 70´s donde 1 partida costaba ¡¡¡ 3 pesetas !!! . Eso si, con 5 pesetas disponías de 2 partidas. Esa máquina no pasaba de los 999 puntos. Anécdotas aparte, a medida que pasaban los años y la inflación hacía sus estragos en la  España post Franco, el precio de la partida fue subiendo y subiendo. (1 duro 1 partida- 10 pesetas 3 partidas, 10 pesetas 1  partida- 25  pesetas 3 partidas). Enseguida se dió el salto a las 25 ptas por partida (ó 5 partidas por 100  pesetas, lo que era un dinero). Como la picaresca es muy tentadora, los fabricantes mantenian el precio de la partida pero pasaron de dar 5 bolas por partida a solamente 3.

 

   Y lo perfecto era conseguir que tus padres fuesen a un restaurante, bar o cafetería en la que hubiese al menos una de estas maravillas. Entonces desarrollábamos otro tipo de arte: el de conseguir monedas sin importar el cómo de tus padres, tios, abuelos, amigos de tus padres (el origen era lo de menos) para lograr el único objetivo fijado en nuestra mente, disfrutar por unos minutos que siempre parecían muy cortos de ese mundo tan especial. Pero había que tener cuidado, algunas de esas máquinas estaban pensadas para que la bola se perdiese instantáneamente y la partida terminase antes de tiempo. Otras eran demasiado "sensibles" al movimiento ocurriendo lo peor que podía pasar en medio de una partida: el odiado y temido "Tilt" o falta. Te quedabas sin palabras o peor, con la máquina bloqueada y sin partida por haber  sido demasiado "pasional" o demasiado "listo" cuando la bola se dirigía irremediablemente hacia su salida. Creo que entonces fue cuando comencé a entender lo de hacer "listas negras".

   Los pinball fueron evolucionando con el  tiempo. Se pasó de los electromecánicos a los que eran totalmente eléctricos (veréis la  diferencia en los contadores de puntos). Durante muchos años el  juego era muy sencillo, con bumpers que repelían la bola y cuyo contacto sumaba puntos y poco más. Poco a poco se fueron incorporando novedades para hacer más atractivo el juego:  zonas con imanes en el  tablero (cuando la bola de metal pasaba por esa zona su trayectoria la hacía ser muy imprevisible), bonus para acumular puntos, dianas que se tenían que abatir en su totalidad para conseguir bola o partida extra, pasadizos metálicos, dobles flippers, en ocasiones algunas máquinas añadían una o varias bolas que salían simultáneamente con la que estabas jugando lo que provocaba un momento de máximo stress evitando que se colasen e intentado hacer el máximo número de puntos, agujeros en los que tenías que introducir la bola y donde tenías que tener cuidado porque esta era expulsada con inusual  fuerza, los pasillos laterales a los lados de los flippers donde en algunas máquinas en momentos determinados se levantaba un tope que evitaba que se perdiera  la  bola (en otras había un tope de forma circular en el centro de los  flipper que cumplía la misma función. También se fueron mejorando aspectos del  juego ya existentes: los flippers o paletas que al principio eran cortos se fueron alargando con lo que se conseguía mayor control y potencia.

   Y cuando ya se acercaba irremediablemente el "The End" después de haber conseguido bolas extras (o no), partidas extras por puntuación (o no), cuando ya sabías que sería tu última partida  porque el  bolsillo estaba vacío siempre te quedaba la última y remota posibilidad: lo  que llamábamos "la lotería"; que te coincidiesen las decenas o centenas de tu puntuación final con la que la máquina ponía siempre  al final  de cada partida. Podía ser  el momento mágico del dia si tenías esa suerte. Lo inesperado era  siempre lo más valorado.

   Los principales fabricantes y las patentes siempre fueron generalmente norteamericanas. Incluso muchas de las fábricas japonesas de pinball estaban participadas por empresas de E.E.U.U (Sega). En España durante los años 60 y 70 la importación de este  tipo de recreativas estuvo muy limitada por lo que se crearon industrias con capital español y acuerdos de licencias para fabricar aquí. En muchos se llimitaban a copiar las máquinas originales pero en otros casos se adaptaban y modificaban e incluso en los años 70 fábricas como la mítica Petaco crearon nuevos modelos que inclluso se exportaron de manera  masiva a Europa y a Hispanoamérica. También recordaréis marcas españolas como Maresa, Inder, Playmatic, Hispamatic, Recel, Segasa (participada por la  japonesa Sega).

   Y para conformarnos, mucho antes de que aparecieran los pc y las consolas domésticas tambien los chicos de nuestra generación podíamos jugar en casa al pinball. Os acordaréis del juego del Milloncete Pirata de la mítica fábrica de juguetes Airgam (la de los Airgam Boys, Serpentín). Era un pinball muy sencillo totalmente mecánico: no tenía lanzador de bolas y los retornos de los flipper eran goma elástica. Totamente irrompible. Se utilizaban canicas como bolas que había que introducir en los distintos agujeros consiguiendo diferente puntuación. Poco después y más sofisticado, la fábrica de juguetes Rima saca al mercado su flipper eléctrico en la primera  mitad los  70´s: tenía lanzador de bolas, los bumpers cuando repelían la bola de acero emitían sonido y luces. La puntuación era automática por medio de una flecha o aguja que se iba moviendo a medida que se conseguían puntos. El pinball estaba  alimentado  por pilas. Una imitación muy lograda y súper divertida.

 

   Si os interesa ampliar información os facilito los siguientes enlaces:    

   http://www.tecnopinball.org/

   http://www.petacos.com/

 

Lunes, 28 Agosto 2017 22:31

EUROVISION 1978.

 

   GANA ISRAEL CON LA CANCIÓN "A-BA-NI-BI". ESPAÑA QUEDA EN 9ª POSICIÓN REPRESENTADA POR JOSÉ VÉLEZ  Y "BAILEMOS UN VALS".

 

   Izhar Cohen y el grupo Alphabeta consiguen ganar con autoridad la edición XXIII del  Festival de la canción de Eurovisión celebrado en Paris. Y tu madre preguntando "Hijo, ¿pero Israel es de Europa?". Otra vez triunfa una melodía con ritmo y musica pegadiza. Y como siempre, la canción ganadora  (consiguió 157 puntos) se convirtió en un éxito en toda Europa ese año. En segunda posición quedó Jean Vaileé representando a Bélgica (125 puntos), siendo el 3º puesto para Francia con Joél Prévost (119 puntos). 

 

 

   Nuestro representante, el  canario José Vélez (26 años) junto con su interminable sonrisa logró un honroso 9º puesto y 65 puntos del jurado con una canción pegadiza y cantada de manera brillante pero otra vez no supimos interpretar  las tendencias musicales de este festival. La canción fue compuesta por los componentes del Dúo Dinámico: Manuel de la  Calva y Ramón Arcusa. Además este último también dirigió de la orquesta. José Vélez ya era en 1978 un cantante consolidado y que había conseguido grandes éxitos en España e Hispanoamérica ("Vino griego", 1974 y "Romántica", 1976). Al contrario que lo sucedido a otros cantantes, este festival no supuso el fin de su carrera y siguió cosechando éxitos hasta que la llamada "música ligera"  fue poco a poco languideciendo.

 

 

   El jurado español estuvo presidido por el periodista Miguel Ángel Gozalo y Matias Prats (incombustible) fue el presentador. Los miembros del mismo y siguiendo la tradición de que la composición del jurado fuese lo más variada posible, estaba integrado por personas con profesiones y ocupaciones variadas: estudiante, aparejador, ama de casa, médico, peluquero, trabajador de taller mecánico, humorista, cartero. El  rostro más popular de este jurado era el de la actriz Bárbara Rey.

   Los 65 puntos conseguidos por España fueron votados por Dinamarca (12 puntos), Suiza (8 puntos), Austria, Finlandia y Turquía (7 puntos), Grecia e Israel (6 puntos), Holanda y Mónaco (4 puntos) y  finalmente Luxemburgo y Bélgica (2 puntos).  Los farolillos rojos fueron Noruega (nadie le votó) y Turquía y Finlandia con 2 puntos respectivamente.

 

 

   Curiosidades: Izhar Cohen volvió a representar a Israel en 1985 con la canción "Olé, Olé" consiguiendo el 5º puesto. Solamente 3 paises han conseguido repetir en ediciones consecutivas  ganar el  Festival. Han sido España (1968-69), Luxemburgo (1972-73), Irlanda en 3 ocasiones seguidas (1992-93-94) e Israel (1978-79) que volverá a ganar el siguiente año con la canción "Hallelujah" en dura pugna con nuestra Betty Missiego. En 1.998 "El chaval de la  peca" hizo una versión de A-BA-NI-BI.

   Además de Izhar Cohen representando a Israel, el otro gran éxito no fue ni Bélgica ni Francia como segundos y terceros, lo que era habitual, si no las representantes de Luxemburgo que consiguieron el 7º puesto en este Festival con 73 puntos: el  dúo español Baccara con la canción "Parlez vous français". Seguro que os suena. Tan grande había sido el éxito a nivel internacional de su canción "Yes Sir, I can Boogie" (1977), auténtico número 1 ese año en  las listas de ventas de Reino Unido, Suecia, Japón, Israel, Bélgica, Hong Kong, Suiza, Holanda y Alemania, triunfando también en paises como Rusia y Francia. En ese mismo año también salió a la venta su otro gran éxito internacional: "Sorry, I´m a Lady".

 

 

   Estábamos en el punto álgido de la "música disco" y eso se traducía en que a nivel internacional triunfaban en 1978 grupos y solistas como Boney M, Donna Summer, Gloria Gaynor, Village People, Bee Gees junto a otros como Rod Stewart, Rolling Stones o Albert Hammond y las bandas sonoras de las películas "Superman" y "Grease". A nivel doméstico los más vendidos eran Miguel Bosé, Pecos, Gonzalo y grupos como Tequila y Mocedades. Cerrando la lista,  la invasión italiana que durará hasta finales 70s y principios de los 80s: Sandro Giacobe, Umberto Tozzi, Paolo Salvatore, Rafaela Carrá.

 

 

   Y como siempre os dejo la letra de "Bailemos un vals" con su estribillo en francés, seguro que os traerá recuerdos infinitos:

    Oh... Michele, ¿dónde estás? Yo no sé si tú recordarás 

El verano que juntos pasamos los dos y que nunca podré yo olvidar 

   Oh... Michele, te perdí, nunca más he sabido de ti 
Sólo espero que un día regreses a mi y de nuevo te pueda pedir... 

   Voulez-vous danser avec moi? ¿Quieres que bailemos un vals? 
Na na na na nay na na na... na na na na nay na na na... 

    Bailemos un vals...

   

   

 

Martes, 18 Julio 2017 18:42

NUESTROS PRIMEROS CUADERNOS Y LIBRETAS.

 

   SAM, CENTAURO, ANCLA, ENRI, GUERRERO, UNIPAPEL, BUSQUETS...

 

 

   Eran de lo más importante de nuestro material escolar. Tanto libretas como cuadernos eran la base sobre la que íbamos a trabajar durante todo el año. Servían para la mayoría de las asignaturas. Cuadriculados, de una raya, doble pauta. Dependía totalmente de los profesores su compra. Normalmente los cuadriculados (de 4 mm) para matemáticas por eso de que se adaptaban mejor a los diagramas, divisiones, multiplicaciones, etc, de doble pauta o doble raya para lenguaje y de una raya para sociales y naturales. Para preescolar se utilizaban los de cuadrícula más grande (de 6 mm y 8 mm).

   También fueron evolucionando con los años desde aquellos primeros en los  50´s y 60´s tan sosos en los que solamente figuraba la palabra "cuaderno" con la portada de un único color y en el reverso con las tablas de multiplicar o el horario escolar hasta ya bien entrados los 70´s en los que se busca un mayor atractivo y en los que comienza a existir una mayor competencia entre las marcas fabricantes. Esto se traduce en un gran colorido en las portadas (abandonando aquellas de solamente 2  tintas) y la inclusión de motivos que puedan captar la atención de los escolares de la época. Las marcas optan por la reproducción sobre todo de las series de dibujos animados que triunfaban en televisión (Mazinger, los Mosqueperros, Willy Fog...).

   La principal diferencia entre cuadernos y libretas era que los primeros disponían de menos hojas (32 era el estándar) y estaban pegadas o mayoritariamente grapadas. Las libretas, en  cambio, tenían generalmente 80 hojas y estaban unidas por un alambre, por eso también eran conocidas por libretas de espiral. En casos concretos y en marcas como Enri conocidas por su calidad de fabricación el número de las hojas se elevaba a 100 y su gramaje era mayor por lo que tranmitían esa sensación de robustez. El tamaño habitual era de cuartilla o cuarto y estaban muy extendidas las de tamaño folio aunque estas eran  más utilizadas en BUP/secundaria. 

   Los  fabricantes con mayor éxito y que coparon la mayor parte de las ventas de cuadernos fueron Sam y su legendaria serie de animales: cóndor, cocodrilo, carpa, llama, jirafa, oso pardo, avestruz... y así hasta 40 diferentes. Recordaréis que el fondo era de color salmón, los dibujos eran de tinta negra. en la portada en la parte inferior, dentro de una orla, se veía escrito "Para uso de___________________". Y en el reverso del cuaderno una explicación de las características del animal y de su hábitat. Una obra  de arte. De esta misma marca ya en  los 70´s otros éxitos fueron los cuadernos de la  abeja Maya, Orzowei, Mazinger, muñecos deportistas, Ruy el pequeño Cid, muñecas...

   El principal competidor de Sam fue sin duda la papelera Centauro. Tal vez su mayor éxito ha sido el de los cuadernos de la serie "Fauna Ibérica" dirigidos nada más y nada menos que por el gran Félix Rodríguez de la  Fuente (oso  pardo, águila, buitre, pelícano, lobo, lince ibérico...) a la que siguió la serie de fauna africana.  Estos ya eran a todo color y con fotografías. Al igual que la marca Sam, en el reverso figuraba una breve explicación del hábitat y características de los animales con una foto de Félix y su firma. Centauro vendió además con gran éxito las series de cuadernos de Marco, Heidi, Snorkels y Atari (Pac-man, Asteroids). Muy pocos padres no sucumbían ante la presión de sus hijos aunque tuviesen que pagar un poco más para conseguirlas.

   La marca Unipapel tuvo también un cierto éxito con las series Bólido en la que se reproducían coches de Fórmula 1 como si fueran el negativo de una fotografía a 2 colores. Y tal vez la más conocida de esta marca y la que tuvo más éxito: la de personajes de Walt Disney.

   Otras marcas míticas fueron Papelat, Guerrero con la figura de un yelmo y fondo de un color, Ancla con el detalle de la misma en negro y una raya del mismo color atravesando en vertical la portada de la libreta siendo el fondo de la misma de varios colores muy vivos y logrados, Unipapel, Pacsa, Busquets y su estética exquisita (acordaos de la serie tarta de fresa), Papyrus. Miquelrius y Enri siempre sinónimo de calidad.

    Y para terminar, las libretas de música o pentagramas. No podían faltar en el material escolar aunque normalmente siempre servían de un año para otro. La asignatura de Música no era de las más intensivas en su utilización.

    

Martes, 06 Junio 2017 10:03

EL GRAN HÉROE AMERICANO

 

 

   EL GRAN HÉROE AMERICANO (1981-1983): RALPH HINCKLEY, SU NOVIA PAM Y EL AGENTE DEL FBI BILL MAXWELL CONTRA EL CRIMEN.


 

    ¿Os acordáis de Ralph Hinckley, aquel profesor de instituto al que los extraterrestres le entregan un traje con superpoderes?. Lo malo es que Ralph extravía el manual de instrucciones en el desierto por lo que tiene que aprender a utlilizarlo a base de darse mamporros y golpes.

En la serie lo ayudaba su encantadora novia Pam (Connie Sellecca) que era abogada, el  soberbio y prepotente agente del FBI Bill Maxwell (Robert Culp) que guarda el secreto del traje para poder luchar contra el crimen y que pese a ser todo un agente del FBI y posiblemente por eso, es el que recibe todos los golpes. Recordad que cuando viajaba fuera de EEUU y se veía en un aprieto siempre gritaba lo peor que podía decir en esas situaciones " Oiga, que soy ciudadano norteamericano".

    Y los alumnos de Ralph, adolescentes rebeldes y problemáticos encabezados por el guaperas Tony (Michael Paré) a los que sabe guiar y encauzar con su bonhomia y mano izquierda. Pero cuando Tony se encontraba con Bill Maxwell saltaban chispas entre ambos. Bill sólo veía en él un futuro delincuente.

   El tono de comedia comenzaba con el traje de super héroe, una clara parodia de Supermán, personaje muy famoso en esa época mucho antes de la explosión actual de super héroes. Más que un traje era como un pijama mal diseñado que, desde luego, no podía infundir ningún tipo de respeto a los malhechores.  Por eso mismo los productores de la serie tuvieron problemas judiciales con los dueños de los derechos de Supermán (DC Cómics) que aducían ¿¿¿¿plagio????. En  el momento más álgido de la serie y para evitar problemas de esta índole dejaron de rodar más episodios.

   A pesar del éxito de esta serie la carrera de los actores fue muy desigual. William Katt ya tenía cierta fama antes de actuar en  esta serie. Había sido Tommy Ross, aquel adolescente que había invitado  a la fiesta de graduación y bailado con una de las chicas más problemáticas de la historia del cine de terror: Carrie (1976).  Después de esta serie William Katt solamente tuvo un cierto éxito con la película "House, una casa alucinante" (1986). Connie Selleca parece que tuvo más suerte. Gracias a esta serie consiguió el personaje de Christine Francs co-protagonista junto a James Brolin en el papel del Peter Mc Dermott como director en la serie Hotel (1983-1988) . La pudimos disfrutar en 110 episodios. Después de esta serie desapareció prácticamente de la pantalla. Al igual que Robert Culp que siguió realizando papeles secundarios en el cine y la televisión.

   Acompañados de ese maravilloso tema musical " Believe it or not" que todos recordamos con cariño y que cuando suena nuestras neuronas más viejas saltan como un muelle y nos hablan a nosotros mismos: " pero si esa canción era la de ...."

   Fueron 44 episodios y 3 temporadas que alegraron con humor del bueno las sobremesas de las tardes de verano desde 1984 en España, cuando los dias eran largos, muy largos.

   E incluso veréis a Sheldon Cooper, nuestro frikie favorito, vestir en ocasiones en la serie The big bang theory  una camiseta con el logotipo del nuestro siempre recordado Gran Héroe Americano. Algo habrá tenido esta serie para ser recordada 35 años después de ser emitida por primera vez en tv.

Jueves, 01 Junio 2017 19:52

AQUEL MATERIAL DE OFICINA (PARTE 1).

 

   CARPETAS, SELLOS DE CAUCHO, LUPAS, CINTAS DE MÁQUINA, PAPEL CARBÓN, FICHEROS, CARPETAS DE GOMAS...

 

 

   Y muchos más artículos que nos hacen regresar muchos años atrás. Quien no ha visitado con sus padres las antiguas gestorías o las compañías de seguros. Y suerte si algún familiar cercano tenía un despacho... porque para un niño el poder investigar, buscar o descubrir un mundo tan diferente al cotidiano. Poder subirte a esas sillas giratorias y acercarte a esas grandes mesas, utilizar ese material de oficina que parecía tan mágico. Que maravilla eso de ser mayor.

   Aunque en los  años 70´s el concepto de oficina se mantenía muy parecido al de años anteriores fue la época en la que de manera clara en España se desarrollo este sector. Comienza a evolucionar el mobiliario y el material de  oficina. Pero al comienzo de los 80´s con la  irrupción de la informática en el mundo de la empresa, aunque en estos primeros años de manera tímida y a finales de la década de manera más decidida, comienzan a cambiar además el uso de los espacios y  el interés por la ergonomía. Ya hay que pasar muchas horas al dia con la  atención fijada en el  "ordenador personal" lo que provoca que se realicen por primera estudios sobre las posturas , sobre la adaptación del mobiliario  al cuerpo y  sobre la fatiga muscular en el entorno del puesto de trabajo . Pero este proceso se realiza de manera gradual conviviendo 2 conceptos algo diferentes.

   Intentaré recordar de manera ordenada en el tiempo los elementos de este este mundo tan fascinante. Estoy seguro de que excusaréis posibles olvidos pero también  de que os haré recordar cosas que teníais muy olvidadas.

  Hay unos elementos  que no podían faltar en una oficina o despacho. Eran la esencia: las máquinas de escribir y el teléfono. Con respecto al teléfono hemos pasado de aquel armatoste pesado, fabricado en plástico negro, irrompible, con forma de sombrero torero y que debido su contundencia incluso se podría utilizar como "arma peligrosa" en caso de  apuro. Eran aquellos que en su parte central tenían el famoso disco giratorio, un poco lento a la hora de marcar el número, pero en esos años el tiempo tenía otra dimensión; cuando solamente tenías que girar 6 veces el  disco (7 en Madrid y Barcelona y creo que también en Valencia) para contactar con un número de teléfono un número de tu ciudad o provincia. Si querías llamar a otra  provincia tenías que añadir el prefijo solamente. Otro modelo bastante extendido fue el tipo góndola, mas pequeño y manejable. Un avance que quedó muy moderno fueron los siguientes modelos. Ya no era necesario girar el disco, este se sustituyó por teclas numeradas del 0 al 9 lo que le daba mucha más rapidez. Se fueron añadiendo colores diferentes al negro (crema, verde claro, rojo, gris). Pero el tiempo evoluciona y maravillas de la tecnología surgió un modelo en el que al recibir una llamada del exterior si querías enviar esta a otro teléfono dentro de la misma oficina presionabas y hundías una tecla que era luminosa y ¡voilá!. 

   Cada oficinista tenía alguna herramienta imprescindible. Sin ella podía estar perdido y su efectividad reducirse al mínimo: su agenda telefónica. Era el poder reunido en un  pequeño espacio. Desde la agenda tipo libreta dividida en letras hasta la agenda con disco que tuvo bastante difusión: imitaba a un teléfono. Estaba fabricada en plástico duro o metal y en el centro tenía un disco similar al del teléfono pero en vez de números figuraban letras. Al girar el disco la agenda se abría por la letra marcada. Una variación de este modelo cambiaba el disco por una pestaña móvil con la que fijabas la letra. Y finalmente recuerdo aquel modelo en plástico que servía de base al teléfono que tenía unas pestañas en las que al presionarlas salía un cajoncito con la letra seleccionada.

   Y en esos tiempos todo el mundo fumaba en el trabajo, los clientes, los empleados, los directivos. A veces debido a la concentración de humos estas oficinas parecían un tugurio de Chicago. Para poner un poco de orden en este aspecto había ceniceros por todas las mesas, esquinas, salas de espera, despachos. Desde el sencillo de plástico con forma ondulada pasando por aquel que tuvo mucho éxito y que consistía en despositar la ceniza sobre la superficie y calcar una varilla central; al accionarla caía a un depósito consiguiendo dejar fuera de la vista las cenizas y colillas. Pero lo divertido era que giraba y giraba.

   Y seguiremos escribiendo en próximas entregas sobre oficinas y despachos... y es que este tema da para mucho.

 

   Desde los años 70´s con el desarrollo económico las madres españolas comenzaron a añadir progresivamente los zumos a las meriendas, aunque su precio era aún elevado.  El envase más extendido era mayoritariamente de cristal aunque también de latón (el envase se oxidaba con el tiempo) como en los zumos La Verja con su apertura adhesiva. Hasta mediados los 80´s en que el tetra pak revoluciona los envases y consigue un abaratamiento del producto, no se produce un consumo masivo. Anteriormente solamente podías beber zumo de naranja en los meses de recogida de esta fruta desde septiembre/octubre con aquellos entrañables exprimidores Braun.

   La mayoría de las fábricas se fundaron  en los  años 60 principalmente cerca de las zonas de recolección, por eso la mayoría se situaban en Valencia y Murcia aunque otras como Libby´s tiene su origen en las Islas Canarias . Algunas de ellas ya no existen, otras han salido fortalecidas convirtiéndose en empresas de gran  facturación. Estas empresas comenzaron con los sabores  clásicos: naranja y limón. Poco a poco se fueron ampliando con los sabores de piña, albaricoque y melocotón.

   Entre estos zumos clásicos se coló una marca norteamericana llamada Tang. Lo  novedoso de ella era que se presentaba en unos sobres con unos polvos de color naranja que había que mezclar con agua para hacer el zumo. Tenía una publicidad muy atractiva, creaba la necesidad y  el  deseo. Hasta que lo probabas. As-que-ro-so. Un  sabor totalmente artificial y eso que los niños estábamos acostumbrados a tomar de todo y a experimentar nuevos retos y sabores. Es que lo norteamericano tiraba mucho. Pero poco duró su éxito, volvimos al zumo de toda la vida. Aunque nos queda su famoso anuncio de tv en el que la señora le dice al mayordomo: "Jaaaime, los  niños  tienen sed ¡ y no hay fruta!", a lo que Jaime contestaba  "por eso siempre tengo Tang".

   Y para las madres más tradicionales, aquellas que no se fiaban de la fruta que no exprimían ellas mismas (no puede ser bueno el zumo envasado, seguro que pierde todas sus propiedades). Y superando al exprimidor Braun que se limitaba a exprimir el zumo de los cítricos se pone de moda  la licuadora (Moulinex, por supuesto). En esos años cuando algo se ponía de moda millones de españoles/as  podían comprar inmediatamente cualquier artículo convirtiéndolo en un éxito inmediato y arrollador. Se vendieron gran cantidad de licuadoras. La verdad es que cumplían su objetivo y se conseguía inmediatamente zumo de cualquier fruta (manzana, pera, plátano, tomate...). Pero tenía 2minconvenientes: su gran tamaño y la  limpieza del aparato. Poco a poco se fue abandonando su uso debido  a lo engorroso de  este proceso.

   También recuerdo que al  principio el Trinaranjus se vendía como zumo aunque pronto se convirtió en refresco. 

 

    Y quiero tener un recuerdo especial para el mosto, el zumo de uva que tango nos gustaba de pequeños.

 

 

 

   Los que estudiamos en los 80´s y cursamos la asignatura de Dibujo Técnico tuvimos que pelearnos con estos artilugios. Pelearnos porque era muy fácil mancharnos de tinta, estropear el dibujo que estábamos haciendo o mucho peor, cargarnos la punta del estilógrafo. ¡Upps!. A ver cómo se le decía a tus padres que se había roto la punta y que tenían que soltar una pasta para comprar otra nueva.

   Porque una gran parte del presupuesto de material escolar se lo llevaban estos elementos de precisión germana. En una época en la que no sobraba el dinero, el tener que comprarlos sueltos o en estuche era muy, muy caro. Por lo general estaban disponibles en estuches de 3 piezas aunque también se vendían aunque en menor medida con 2 o 4 piezas. El ahorro era importante, no compensaba comprarlos individualmente. 

   No sé por qué pero desde siempre en España se le llamaron genéricamente "rotring" a todos los estilógrafos. Tal vez porque fueron los primeros. Y por supuesto, tanta precisión y calidad sólo podía fabricarse en Alemania. Las 3 principales y únicas marcas lo eran: Rotring, Staedtler y Faber- Castell. Aunque Rotring fue la pionera y la que se dió el nombre al restos de estilógrafos, la marca Staedtler consiguió rápidamente el liderazgo en todo tipo de artículos de dibujo técnico. Fueron los estilógrafos más vendidos con diferencia. Acordaos de la serie Marsmatic. La marca Faber Castell tuvo una importancia más testimonial que las otras 2.

   Se podía decir que eran modulares. El estilógrafo se componía de varias partes: el depósito de tinta que era un cartucho de plástico transparente con forma de cilindro que se podía recargar, una pieza de plástico alargada donde encajaba la punta, la cual también era independiente. La punta era el alma mater y la parte más compleja y delicada del estilógrafo; una pieza de plástico recubría y protegía la punta metálica y dentro de ella teníamos un cilindro de metal que terminaba en un fino alambre que encajaba en la punta misma y que era el encargado de realizar los trazos. Si se rompía cualquiera de estos dos elementos el estilógrafo quedaba totalmente inservible. Como recordaréis, cuanto menor grosor tenía la punta más delicada era.

   El grosor de la puntera era variable. Inicialmente los más utilizados fueron los 0,2 mm; 0,4 mm; 0,6 mm y 0,8 mm. También fueron muy utilizados los de 0,25 mm; 0,35 mm; 0,5 mm y 0,7 mm. Dependía de tu profesor. Lo peor era si los tenías de antes o los habías heredado y el profesor no admitía esos números aunque fuese por una diferencia de 0,05 mm y te exigía comprar otros. Increíble pero ocurría.

   Habitualmente al comprarlos en estuche, por lo general, venía con un depósito de tinta china gratis y en algunos por un precio más ajustado podías comprarlos con un compás y/o bigotera incluido. Estos compases eran especiales, venían con un adaptador para poder dibujar con los estilógrafos. Más adelante el adaptador ya se encontraba integrado en el compás. Con este adaptador podías utilizar cualquier compás que tuvieses. También recuerdo las alargaderas por si querías trazar círculos más amplios. Y la bigotera loca que servía para todo lo contrario, para poder dibujar círculos de muy poco diámetro. Se llamaba loca porque giraba sobre si misma sin parar si la impulsabas con los dedos pero hacía unos círculos perfectos sin posibilidad de fallar y estropear el dibujo. Recuerdo de estos compases que eran muy pesados, de un acero excelente y mate pero sobre todo de una gran calidad. Tenían una rueda en la parte superior que servía para reducir o ampliar muy fácilmente con los dedos el radio de la circunferencia que querías dibujar. Y las gomas de borrar especiales, la regla, escuadra y cartabón sin visel (no servía cualquiera). Era el tiempo de las bisectrices, elipses, mediatrices, tangentes...

   Y que sería de los estilógrafos sin la superficie donde poder dibujar: el papel vegetal o cebolla. Se vendía en blocs aunque lo más habitual era comprarlo a demanda. Se vendían por hojas sueltas y tenías que calcular cuantas podrías utilizar para un dibujo concreto. Y no era fácil, dependía de la inspiración del dia. Menos mal que eran baratas. Las recuerdo por 5 ptas. la unidad. Cuando conseguías después de muchos intentos fallidos terminar más o menos dignamente el dibujo te envolvía una satisfacción especial. Acto seguido lo enseñabas a todos el mundo: padres, hermanos, vecinos y gato incluido.

   Y para los estudiantes setenteros, antes de que apareciesen los estilógrafos, había que conformarse con el tiralíneas. Y qué mérito era dibujar con este artilugio. Era de lo más sencillo. Una alargadera con punta hueca donde se tenía que añadir tinta de manera manual y donde el grosor del trazo se calculaba a "ojo" aflojando o cerrando una rueda que se situaba en la punta. Por supuesto recordaréis que aún asi dependiendo de la cantidad de tinta que tenía ese trazo podía variar. Eran los tiempos de los pioneros del dibujo técnico. Eso si, comprar el tiralíneas era de lo más barato y la tinta para recargarlo también: la de la marca Pelikan de toda la vida que se vendía en un tubo de plástico negro con la etiqueta de color amarilla con el logotipo de la marca y que en la base del mismo tenía un pequeño deposito de goma blanda que servía como pequeña bomba para impulsar la salida de la tinta (que tentación era el apretar de más dicha goma). O para los más antiguos el pequeño frasco de cristal.

   Curiosidad: las palabras "rot  ring" significan en alemán "anillo rojo". Todos los estilógrafos de esta marca lo tienen en la parte superior.

   ¿Y tú que experiencias nos puedes contar acerca de los estilógrafos?.

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