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   CHICLES CHEIW Y NIÑA. 

 

   Sin duda ninguna, los chicles fueron durante muchos años la estrella de las golosinas (203.000.000 de chicles consumidos en España en 2010). Como la mayoría de las novedades nos llegaban desde E.E.U.U. Todo lo que se importaba desde este pais, desde productos hasta moda, cine o música tenía el éxito asegurado. En España comenzó a introducirse en los años 60 y alcanzó un total éxito en los 70. Las distintas marcas competían en cuanto a sabor, textura, duración del chicle y "regalos" que podían traer consigo.

   Era un artículo tan preciado que para que "durase" más tiempo no teníamos ningún problema en dejarlos de un dia para otro pegados en cualquier superficie siempre y cuando no lo detectasen por personas mayores principalmente so pena de quedarte sin él (pupitre, mesilla de noche, etc). Prohibido terminantemente masticarlos en clase, te arriesgabas a recibir una colleja, un castigo o la temida nota para tus padres. Lo que nos daba más placer, sin duda, era competir por quien fabricaba el chicle más grande, algo que no estaba exento de técnica, aunque por mucha técnica que tuvieras si no tenías dinero para comprar varios chicles y meterlos juntos en la boca siempre acababas perdiendo con otros "niños más ricos" que tú. El hacer globos grandes tenía su peligro, cuando explotaban se quedaban pegados a tu cara. El mejor remedio para despegarlos no era otro que sacar el chicle de tu boca y pegarlo a los restos explotados. Lo peor era si el globo se convertía en espectacular y explotaba pegándose al pelo porque en este caso no existía ningún remedio mágico (tijeras al canto).

   Fue una empresa española, Damel (Dama de Elche, S. A) cuyo origen era una pastelería alicantina, la que en muy poco tiempo (se fundó en 1964) consiguió dominar el mercado de esta golosina. Los chicles Cheiw fueron la estrella. Se vendieron millones y millones. Inicialmente solamente fabricaron 2 sabores, muy clásicos: menta y fresa. Costaban 1 peseta la unidad. También podían comprarse en paquetes de 5 unidades por 5 pesetas. Posteriormente esta empresa diversificó los sabores consiguiendo con esta acción seguir dominando en el reino de los chicles. Estos nuevos sabores que alcanzaron inmediatamente un éxito rotundo fueron el de fresa ácida (muy duro) y el de clorofila (blando). De hecho, las millonarias ventas de estos 2 nuevos sabores eclipsó totalmente a los de menta y fresa. Y como el  chicle de  1 peseta se quedaba muy pequeño, sacaron al mercado el Cheiw Junior (el de  los tacotes). Consistía en 2 chicles más grandes que se vendían en un mismo paquete y que costaban 5 pesetas. Los Cheiw venían "pelados", al contrario que los de otras marcas que traían regalos. Damel fue el fabricante de tesoros como Palotes, Pectol y caramelos Snipe. En una última fase ampliaron el catálogo de sabores sin éxito como el de canela.

   ¿Os acordáis del anuncio de tv de Cheiw Junior?. Seguro. El estribillo decía así : " Eso me mola chaval, me va cantidad, se lo saben hacer los muchachos de Cheiw Junior. Cheiw Junior, Cheiw Junior, Cheiw Junior, Cheiw, tacotes de Cheiw". La letra y la música era de Juan Pardo. ¿Y del famoso chiste de Cheiw?: " Un niño va a un Kiosco y dice: " ¿Me da cinco chicles? Cheiw?. No, cinco. 

   Y compitiendo directamente con el Cheiw, quizás el chicle Niña fue el que más de acercó a su nivel de ventas, aunque tal vez lastrado porque iba dirigido exclusivamente al público femenino (ningún niño se atrevía a comerlo en público bajo pena de grave burla por parte de tus amigos). En privado era otra cosa porque este chicle tenía un sabor a fresa muy intenso y además al ser muy blando se podían hacer globos espectaculares. Este chicle sí que venía con regalo. Los añorados cromos de "Trajes mundiales", "Moda 75", "Trajes típicos del mundo", "Historia del vestido" , "Cromos horóscopo" y "La moda desde Eva" que se podían coleccionar y pegar en un álbum. 

   La lista la completaban Bazoka, Dunkin, Bazooka, Dubble Bubble, Adams y los chicles de bola, que trataremos en otro artículo.

 

   BAZOKA, DUNKIN, BAZOOKA, DUBBLE BUBBLE, ADAMS Y LOS DE BOLA.

 

 

   Además de los Cheiw y los Niña, numerosas marcas de chicles se fabricaron en España o se importaron del extranjero en estos años. El chicle era la estrella de las chuches.

   Uno de los históricos fue la marca Dunkin (mediados de los años 60), fabricados por Gallina Blanca (Avecrem, Sopinstant), con un sabroso sabor a fresa. Como recompensa, gratis con los chicles regalaban figuras de plástico (Lucky Luke, soldados, Astérix, figuras de dibujos animados de la Warrner, los cabezudos), también cromos de Mortadelo y Filemón, los de Kubala enseñando técnicas futbolísticas y también llaveros, juego del saltimbanqui. Todos estos regalos lo convirtieron en uno de los favoritos de los chavales de la época.

   Esta lista la completan otros chicles como Bazoka y Bazooka (se estira y explota). Los 2 pertenecían a la empresa norteamericana Tapps. La diferencia era que la primera marca se fabricó bajo licencia en España desde finales de los años 50. Muchos de vosotros lo recordaréis por su forma redonda y con sus 3 pisos en forma de disco, parecido a un carrete. Su textura permitía hacer chicles muy grandes. Fue sustituido por la otra versión de esta multinacional, el Bazooka (con 2 oes para diferenciarlos). Este último venía con unas tiras de cómic incorporadas en el envoltorio. Su protagonista era Bazooka Joe. También regalaban calcomanías y enviando por correo 25 envoltorios podías formar parte del club Bazooka, recibir una insignia y optar a sorteos.

   Cerrando la lista aparece Dubble Bubble (fabricante también de chicles Niña), un chicle que aunque era más minoritario tenía muchos adeptos. Venían acompañados de historietas cómicas que hacían la delicias de los pequeños. Nombramos también a los de la marca Adams que tenían 2 tipos de chicles diferentes al resto. En esto consiguieron ser muy originales. El primer tipo era de pequeño tamaño, forma cuadrada y de color blanco porque el chicle estaba rodeado de una capa de azúcar que se deshacía en la boca hasta que quedaba solamente el chicle. La caja constaba de bastantes unidades, el problema era que si querías hacer globos debías engullir varios chicles. Su principal y sabor más conseguido era el de menta. El otro tipo tenía forma rectangular, median menos de 1 milímetro de espesor y estaban cubiertos de una capa ligera de azúcar glaseada. Eran más caros que los Cheiw pero tenían un sabor especial. Super blandos, teníamos que tener mucho cuidado al explotar los globos ya que al ser tan fino el chicle era muy fácil que se quedase pegado a todo y que fuera muy difícil eliminar sus restos. Recuerdo como sabores más logrados el de clorofila. Era el único fabricado con este sabor, el de Cheiw aún no había salido al mercado y el de limón.

   Y no podríamos terminar este artículo bajo pena de condena al infierno si nos olvidásemos de los chicles de forma redonda, los únicos que no se vendían en kioscos y sí en máquinas expendedoras automáticas situadas en la calle, eran chicles 24 horas. Por 1 peseta podías comprar uno de ellos. El sabor no era comparable al resto de las marcas, duraba muy poco y era muy duro, pero el poder comprarlo en una máquina bajando una palanca tenía su gracia, al igual que el ir deshaciendo la capa de azúcar de la que estaban fabricados hasta llegar al chicle. Era muy habitual enseñar la lengua y ver que se podía teñir totalmente de color azul, naranja, rojo, verde y todos los imaginables. Las bolas se podían ver a través de una pantalla transparente. Podías apostar con amigos y hermanos el color de la bola que saldría y así ganarla para tí. 

 

 

   BANG BANG, BOOMER, TRIDENT, BUBBALOO, TREX,ORBIT...

   A rey muerto rey puesto. Los chicles Cheiw y Niña ya no son incontestables. Surgen otros chicles que bien porque ofrecen otra imagen más moderna, bien porque ofrecen "algo distinto" poco a poco se van abriendo paso en nuestras preferencias. 

   El que primero se instala en nuestras vidas es el Bang Bang, el chicle "con sabor largo, largo que dura y dura". Se presentaba en un envoltorio alargado con 5 chicles de forma cuadrada. Eran los preferidos. Tenían mucha azúcar y mucho sabor y realmente se podían hacer grandes globos sobre  todo  si metías en la boca varios juntos para poder batir el récord mundial del globo más grande aunque tuvieses que estar despegando los restos de tu cara y de tu pelo. ¡Quién no se tuvo que cortar con una tijera los pegotes del pelo alguna vez!. Se comenzaron vendiendo con los clásicos sabores de menta y fresa pero pronto estos sabores se fueron diversificando: fresa- pátano, cola, lima- limón, limón, naranja... e incluso sabor a ¡chocolate!.

  El otro gran chicle de la época fue Boomer, el del superhéroe que estiraba los brazos y las piernas hasta límites insospechados, el del estribillo que decía "Boom, Boom, Boomer". También con numerosos sabores (incluso lo fabricaron con sabor a natillas). Costaba 5 pesetas. Todos recordaréis el kilométrico Boomer con su sabor a fresa, ese que se vendía como si fuese una cinta métrica extensible, el autoservicio convertido en chicle. Podías ir cortando a voluntad sus 1,80 metros de interminable cinta de chicles. Que inmensas posibilidades tenía el kilométrico. Desde hacer "botellón" de chicle con los amigos hasta engullirlo todo de una vez e incluso hacer maldades cuyo único límite era la interminable y fecunda imaginación de un niño ocioso y aburrido.

   En 1988 se introduce en España el chicle Bubbaloo. Aunque menos vendido debido su precio (costaba el doble que el  Bang Bang) tuvo también cierto éxito debido a que en interior del chicle, al morderlo, se derramaba un líquido que tenía en su interior y con el que durante unos momentos se conseguía una explosión de sabor. 

   Y a mediados de los años 80 comienza a extenderse por la sociedad el interés por la salud a través de la alimentación. Aparecen los chicles sin azúcar y Trex (1983) es el primero. Se mezcla el miedo de los padres a las caries y a las facturas de los dentistas. La publicidad de este chicle claramente dirigida a los padres decía " 9 de cada 10 dentistas recomiendan chicles sin azúcar" y "besos sin azúcar" dirigida directamente a los chavales aunque lo realmente interesante eran los besos, daba igual con o sin azúcar. Compitiendo directamente con Trex aparece  la marca Orbit (1985) para luchar por el mercado del chicle saludable sin azúcar. Y para cerrar las marcas de chicle no nos podemos olvidar de la marca Trident, que fue la que patentó el primer chicle sin azúcar del mercado.

   ¿Cuál era tu preferido?