Compartes?



 

 

   Los que estudiamos en los 80´s y cursamos la asignatura de Dibujo Técnico tuvimos que pelearnos con estos artilugios. Pelearnos porque era muy fácil mancharnos de tinta, estropear el dibujo que estábamos haciendo o mucho peor, cargarnos la punta del estilógrafo. ¡Upps!. A ver cómo se le decía a tus padres que se había roto la punta y que tenían que soltar una pasta para comprar otra nueva.

   Porque una gran parte del presupuesto de material escolar se lo llevaban estos elementos de precisión germana. En una época en la que no sobraba el dinero, el tener que comprarlos sueltos o en estuche era muy, muy caro. Por lo general estaban disponibles en estuches de 3 piezas aunque también se vendían aunque en menor medida con 2 o 4 piezas. El ahorro era importante, no compensaba comprarlos individualmente. 

   No sé por qué pero desde siempre en España se le llamaron genéricamente "rotring" a todos los estilógrafos. Tal vez porque fueron los primeros. Y por supuesto, tanta precisión y calidad sólo podía fabricarse en Alemania. Las 3 principales y únicas marcas lo eran: Rotring, Staedtler y Faber- Castell. Aunque Rotring fue la pionera y la que se dió el nombre al restos de estilógrafos, la marca Staedtler consiguió rápidamente el liderazgo en todo tipo de artículos de dibujo técnico. Fueron los estilógrafos más vendidos con diferencia. Acordaos de la serie Marsmatic. La marca Faber Castell tuvo una importancia más testimonial que las otras 2.

   Se podía decir que eran modulares. El estilógrafo se componía de varias partes: el depósito de tinta que era un cartucho de plástico transparente con forma de cilindro que se podía recargar, una pieza de plástico alargada donde encajaba la punta, la cual también era independiente. La punta era el alma mater y la parte más compleja y delicada del estilógrafo; una pieza de plástico recubría y protegía la punta metálica y dentro de ella teníamos un cilindro de metal que terminaba en un fino alambre que encajaba en la punta misma y que era el encargado de realizar los trazos. Si se rompía cualquiera de estos dos elementos el estilógrafo quedaba totalmente inservible. Como recordaréis, cuanto menor grosor tenía la punta más delicada era.

   El grosor de la puntera era variable. Inicialmente los más utilizados fueron los 0,2 mm; 0,4 mm; 0,6 mm y 0,8 mm. También fueron muy utilizados los de 0,25 mm; 0,35 mm; 0,5 mm y 0,7 mm. Dependía de tu profesor. Lo peor era si los tenías de antes o los habías heredado y el profesor no admitía esos números aunque fuese por una diferencia de 0,05 mm y te exigía comprar otros. Increíble pero ocurría.

   Habitualmente al comprarlos en estuche, por lo general, venía con un depósito de tinta china gratis y en algunos por un precio más ajustado podías comprarlos con un compás y/o bigotera incluido. Estos compases eran especiales, venían con un adaptador para poder dibujar con los estilógrafos. Más adelante el adaptador ya se encontraba integrado en el compás. Con este adaptador podías utilizar cualquier compás que tuvieses. También recuerdo las alargaderas por si querías trazar círculos más amplios. Y la bigotera loca que servía para todo lo contrario, para poder dibujar círculos de muy poco diámetro. Se llamaba loca porque giraba sobre si misma sin parar si la impulsabas con los dedos pero hacía unos círculos perfectos sin posibilidad de fallar y estropear el dibujo. Recuerdo de estos compases que eran muy pesados, de un acero excelente y mate pero sobre todo de una gran calidad. Tenían una rueda en la parte superior que servía para reducir o ampliar muy fácilmente con los dedos el radio de la circunferencia que querías dibujar. Y las gomas de borrar especiales, la regla, escuadra y cartabón sin visel (no servía cualquiera). Era el tiempo de las bisectrices, elipses, mediatrices, tangentes...

   Y que sería de los estilógrafos sin la superficie donde poder dibujar: el papel vegetal o cebolla. Se vendía en blocs aunque lo más habitual era comprarlo a demanda. Se vendían por hojas sueltas y tenías que calcular cuantas podrías utilizar para un dibujo concreto. Y no era fácil, dependía de la inspiración del dia. Menos mal que eran baratas. Las recuerdo por 5 ptas. la unidad. Cuando conseguías después de muchos intentos fallidos terminar más o menos dignamente el dibujo te envolvía una satisfacción especial. Acto seguido lo enseñabas a todos el mundo: padres, hermanos, vecinos y gato incluido.

   Y para los estudiantes setenteros, antes de que apareciesen los estilógrafos, había que conformarse con el tiralíneas. Y qué mérito era dibujar con este artilugio. Era de lo más sencillo. Una alargadera con punta hueca donde se tenía que añadir tinta de manera manual y donde el grosor del trazo se calculaba a "ojo" aflojando o cerrando una rueda que se situaba en la punta. Por supuesto recordaréis que aún asi dependiendo de la cantidad de tinta que tenía ese trazo podía variar. Eran los tiempos de los pioneros del dibujo técnico. Eso si, comprar el tiralíneas era de lo más barato y la tinta para recargarlo también: la de la marca Pelikan de toda la vida que se vendía en un tubo de plástico negro con la etiqueta de color amarilla con el logotipo de la marca y que en la base del mismo tenía un pequeño deposito de goma blanda que servía como pequeña bomba para impulsar la salida de la tinta (que tentación era el apretar de más dicha goma). O para los más antiguos el pequeño frasco de cristal.

   Curiosidad: las palabras "rot  ring" significan en alemán "anillo rojo". Todos los estilógrafos de esta marca lo tienen en la parte superior.

   ¿Y tú que experiencias nos puedes contar acerca de los estilógrafos?.

Publicado en AQUEL MATERIAL ESCOLAR